Ellos Opinan...

EN ESTADO DE NEGACIÓN MI EQUIPO FAVORITO PERDIÓ

Todos hemos vivido ese hermoso sentimiento de estar prendidos, emocionados, enloquecidos, por eses partido grande que jugará nuestro equipo favorito.

Cuando estás emocionalmente involucrado con tu equipo como yo lo he estado, y pierde: son las cosas que experimentamos cuando sucede lo impensable (porque nunca piensas que tu equipo perderá). No importa si es una final, una serie de playoffs , un campeonato mundial o simplemente un clásico de rivalidad añeja, es imposible quedarse tranquilo después de ver a tus muchachos o muchachas caer frente a tus ojos.

 

  1. Durante el juego, cuando te das cuenta que ahí viene lo inevitable, surge un momento fuerte de negación. Tal vez murmures cosas como: “No, no, no”, “¡No p1nch3s m@mes, otra vez!”, o las preciosas palabras de aquellos cronistas de antaño, como: “¿Por qué las de ellos pegan en el poste y entran, y las de nosotros noooo?”, “¿Por qué siempre a nosotros?”, “Ya lo tenían, ¡pero no se la creyeron!”, “Se vendió el árbitro”. Y quizás otras declaraciones más fuertes que hasta penita te da recordar una vez que ya te enfrías.
  2. Cuando el juego termina, necesitas tomarte un tiempo para estar a solas. Necesitas recopilar detalles de lo que acabas de ver. Te conviertes en ese fan triste, de esos que a las televisoras les encanta enfocar, con la frente en las rodillas, sollozando, jalándose las greñas, mirando al cielo y preguntando: “¿Neta te caigo mal? ¡Habíamos quedado que este año sí! ¡Órale, va va va, ch1ng0n!”. Tu cara es la imagen de la incredulidad absoluta. Las lágrimas pueden o no derramarse… ¿Sabes qué? ¡Se vale, llora!
  3. Si tuviste suerte (mala) y fuiste al juego, mientras vas caminando para salir del estadio con tus cinco vasos de chela apilados, no quieres hablar con nadie. Quieres patearle las nalgas a todos, y si se cruza un niño corriendo feliz, lo dudas y piensas en meterle el pie… ¡Para qué se cruza el w3y, si sabe cómo me pongo!
  4. Si estás en casa, agarras el primer objeto que tengas a la mano y lo mandas a ch1ng4r a su madre lejos, para sacar el enojo. Porque crees que genuinamente esa furia llegará hasta los vestidores del equipo, incluso los hará reflexionar sobre su existencia.
  5. Después de que descargaste la furia pateando gente, unicornios, perros pug y aventando objetos que notienen valor (obvio no es uno tan imbécil), es momento de entrarle a las redes sociales y tirarle con todo al equipo y a la gente que los apoyó. Sí, tu pecho no es una bodega… ¡échalo pa’ fuera! “P1nch3s árbitros, si no hubieran marcado ese penal, o las cinco veces que nos interceptaron. O sea, merecíamos ganar, digo ellos tiraron 10 veces, nosotros solo una, pero se vio más ch1ng0n nuestro tiro, más ‘merecedor’, que le llaman. ¿Alguien sabe si la ofensiva fue al juego? El balón fue inflado en su casa, no quiso entrar ese tiro de tres puntos que se ve tan fácil desde mi sofá de piel poca madre”.
  6. Ya estás sobresaturado del deporte en cuestión. ¿Futbol? ¿Tocho? ¿Qué es eso? Yo soy aficionado al macramé y al repujado. Normalmente los Domingos salgo a caminar y a leer un buen libro en el parque. Quizá sí vea un poco de lacrosse, pero últimamente, con tanto viaje, no puedo. ¡No te miento, eh!
  7. La siguiente semana se trata de hacer un análisis de los errores. Tu familia, amigos y otros fans parecen no poder pensar ni hablar de otra cosa porque ese juego era muy importante. ¡Quién necesita trabajar de todos modos? Las conversaciones informales durante elcafé de la mañana probablemente suenan algo así como: “Entonces, ¿en qué punto crees que salió mal el partido? ¿Era entrenamiento? ¿Los jugadores? Tienen que ser lesiones…..¿Será una cortina de humo? ¿Todo estará arreglado?”.
  8. Estás hasta la madre y juras que es la última vez que le echas porras a ese equipo que tantas decepciones te ha traído últimamente. Y optas por dejar de preocuparte por el deporte. “No más juegos para mí”, dices con confianza, muy c4br0ns0te tú (a este fenómeno le llamo #MamadeurExtraordinaire).
  9. Le das la oportunidad de reivindicarse a tu equipo, te vuelves a poner ese jersey que tiene 50 lavadas, aunque sea para ir por la barbacoa en la cruda. Te echas agua en la cara, te ves fijamente a los ojos, tienes una iluminación y te das cuenta de que no eres un “villamelón”. Ninguna derrota puede detenerte… ¡ninguna derrota puede detenerlos!
  10. Así que, el próximo fin de semana o al inicio de la siguiente temporada, te pones los colores de tu equipo, el jersey, la playera, la gorra, el distintivooo, el tarro especial para tus chelas heladas y te sientas otra vez a vivir esa gran pasión. Respiras profundo y te cuestionas si eres un masoquista en potencia, pues ya estás listo para gritar: “Home run, touchdown, gol, de tres, etc…”.

La neta es que no usamos esas palabras, pero lo que sí gritarás a todo pulmón es esa hermosa expresión tan mexicana: “¡Ahuevoooooo!”

POR EL BILLY

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